EL SILENCIO
El silencio, los silencios tienen diversas interpretaciones que mueven a una reflexión profunda.
En estos tiempos carentes casi por completo de cualquier tipo de meditación, todo se lleva por delante en pos de ambiciones desmedidas.
Y el silencio marca un hito ineludible en esta vorágine que se mueve como un aluvión alocado.
Y en el entre tanto, el silencio, solo el silencio, impregnado de contemplación intuye los peligros, los desmenuza, los analiza y delata sus consecuencias.
Este silencio, y solo este silencio, permite, preñado de objetividad y desinterés, luchar y luchar en la búsqueda y defensa de la verdad, aunque a cada paso, cada peldaño que se trepa es más agreste, más pesado, en síntesis: ¡más solitario!
Y cuando llegas a la cima, y coronas tu esfuerzo con el objetivo buscado, no te encuentras rodeado del “carnaval del mundo detrás del becerro del oro” sino de la más absoluta soledad.
Será como dicen tantos pensadores “si estás con la verdad el mundo te enfrenta, te ignora, te humilla, y te hunde en el silencio”.
Y ese es el otro silencio, al que te condenan por no aceptar y compartir el” becerro de oro”.
Es prodigioso porque ese silencio, transformado en un “Archipiélago Gulag” de puertas abiertas, se transforma en el otro silencio, en el primero, el original, el que vale, el verdadero, el auténtico,
Y se trasforma en un torrente de creatividad, en un faro de esperanza, un mojón de recursos, en síntesis, en un reencontrarse con los valores eternos de la vida.
Cada silencio que te somete al ostracismo, se vuelve en un renacer, en un valorar las cosas importantes de la vida, en entender que cosas debes guardar en la mochila, en la mochila definitiva, en la mochila que llevarás definitivamente.
Trata que la misma esté liviana, si, lo más liviana posible, deja todas las cosas inservibles a un costado. Deja fuera los éxitos, si tuviste alguno, y pon cuidadosamente la cicatrices de la vida, que cuanto más sean, más veloz será el viaje.
No olvides, esta vez el viaje es hacia arriba, hacia el más allá, donde solo la esperanza te puede nutrir de ese deseo eterno de reencuentro y de tranquilidad.
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